Ongi Etorri lleva al Puerto Viejo su particular relato con una ‘performance’ donde reclama acoger a los menores de Ceuta
Flores, mantas térmicas, agua y una llegada simulada desde el mar. Así fue la performance organizada este sábado en el Puerto Viejo por la plataforma Ongi Etorri, una organización más de la ultraizquierda radical, que con la colaboración de otras tantas como Ecuador Etxea, reclama acoger «sin más demora» a los menores de Ceuta. Entre los participantes no podía faltar una exconcejal de Bildu en el consistorio.
El problema es lo que deliberadamente queda fuera de la escena.
Porque lo ocurrido en Ceuta no fue una llegada de personas necesitadas de ayuda. Miles de personas entraron masivamente desde Marruecos en una operación que el propio informe policial conocido posteriormente apunta que habría sido guiada por agentes marroquíes para colapsar el control fronterizo español.
Y frente a aquello, Ongi Etorri coloca flores.
Ni una palabra sobre Marruecos. Ni una palabra sobre la presión sobre la frontera española. Ni una palabra sobre el control de las entradas. Ni una palabra sobre los retornos.
Todo queda convertido en una sencilla historia de «acogida» en la que España parece tener únicamente una obligación: recibir.
Mientras tanto, la plataforma afirma que «la migración da vida a los pueblos» y reclama que los menores sean acogidos sin demora. Un discurso que también ignora las preocupaciones existentes en numerosos barrios españoles en general, y de Getxo en particular, sobre convivencia, servicios públicos y seguridad.
La inmigración no puede convertirse en un asunto intocable ni cualquier crítica a su gestión puede ser despachada como racismo.
Una cosa es atender y proteger a un menor. Otra muy distinta es utilizar a esos menores para blanquear una entrada masiva en una frontera española y presentar como única respuesta posible la acogida.
Las mantas y las flores pueden quedar muy bien en una performance, pero mayoritariamente Getxo no quiere más inmigración descontrolada tras conocer de primera mano en los últimos años los problemas de inseguridad y convivencia que provoca este fenómeno que se lleva años aplicando para dañar y destruir nuestra cultura, valores y tradiciones occidentales: delincuencia importada.




