Criticó los decretos de Sánchez, admitió sus deficiencias y aun así apoyó uno de ellos. Junts votó en contra y ambos textos cayeron. El PNV se queda con el desgaste de respaldar una política que cuestiona su propia defensa de la propiedad privada.
El PNV ha protagonizado un ejercicio de contradicción política difícil de disimular. Promete seguridad jurídica a los propietarios, pero cuando llega la hora de votar respalda una de las iniciativas de vivienda de Pedro Sánchez pese a reconocer sus carencias. Y, para rematar, los decretos fueron derrotados en el Congreso gracias al decisivo rechazo de Junts.
Ni coherencia con su discurso ni victoria parlamentaria
El PNV se ha quedado con el coste político de su decisión y sin la norma que pretendía sacar adelante. En otras palabras: ha terminado traicionando a su base electoral y además ha logrado la derrota en la votación. A ver cómo explica que, pensando igual que Junts, ha optado por respaldar uno de los Decretos del Sanchismo, aunque luego no saliera adelante.
Ciñéndonos a Getxo, con los propietarios que han invertido sus ahorros en una segunda vivienda para alquilarla, la cuestión es muy concreta: ¿qué credibilidad tiene un partido que promete proteger a los propietarios, pero respalda medidas de vivienda que él mismo cuestiona?
Un mercado del alquiler necesita reglas claras y garantías para ambas partes. Si los propietarios perciben más riesgos, algunos pueden optar por no alquilar, reduciendo una oferta que ya resulta insuficiente para muchas personas. Y cuando hay menos viviendas disponibles, quienes buscan casa también salen perjudicados.
El PNV puede intentar justificar su voto con matices y explicaciones parlamentarias. Pero hay algo que no puede borrar: prometer seguridad jurídica a los propietarios y después respaldar una norma que se critica por sus deficiencias es una contradicción que exige explicaciones.
A pesar de que los Decretos en esta ocasión hayan sido finalmente rechazados, el mal ya está hecho. Los propietarios necesitan estabilidad y garantías. Y con un gobierno socialcomunista nunca la tendrán.




