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132 años de la primera piedra del Hospital-Hospicio de Alango, el edificio que Algorta derribó en 1974

Esta semana se ha cumplido el aniversario de aquel 14 de octubre de 1894. Ochenta años después de ponerse la primera piedra, el edificio fue demolido. Hoy, en su lugar, hay viviendas.

Esta semana se han cumplido 132 años de la colocación de la primera piedra del Hospital-Hospicio de Alango, una obra levantada con legados y donaciones de los propios vecinos para atender a los más pobres de Algorta.

La idea nació de un testamento de 1870 y se hizo realidad con las aportaciones de gente que daba lo que podía, sin distinción de clase. El acto de 1894, presidido por el Gobernador Civil de la provincia, abrió el camino a un edificio que se inauguró en febrero de 1897 y que acabaría siendo uno de los grandes símbolos solidarios del municipio.

Más que un hospital

Pese a ser un centro modesto, su labor fue enorme. Atendió a accidentados laborales, a hombres rescatados del mar y a heridos de guerra. Dio asilo a ancianos sin recursos y a personas que no podían ser cuidadas en sus casas, y ofreció comida diaria a quienes no tenían cómo conseguirla. Las Hijas de la Caridad se encargaron de su cuidado. Su Sala Cuna, creada en los años veinte, se adelantó a su tiempo al acoger a los hijos de madres trabajadoras en lugar de a niños abandonados.

Con los años, la actividad sanitaria fue a menos. El último ingreso de un enfermo que consta es de 1936, y en 1964 la institución pasó a denominarse Residencia Municipal del Sagrado Corazón de Jesús.

El derribo

En 1974, el viejo edificio de ladrillo rojo, de capilla gótica y vistas al Abra, fue demolido. Años después, en 1978, la nueva residencia municipal, ubicada en Aiboa, tomó el relevo del antiguo asilo. En el solar de Alango se levantó un bloque de viviendas.

Quienes vivieron allí lo recuerdan por algo muy sencillo: estaba en pleno centro de Algorta, y bastaba salir a la puerta para encontrarse con el ir y venir de los vecinos.

Un patrimonio que no volverá

Ochenta años separan la primera piedra de las piquetas. Lo que un pueblo tardó en levantar con esfuerzo colectivo se perdió de golpe, y con él un edificio que hoy habría sido un monumento digno de protección.