

La calle Sarrikobaso, una de las principales arterias de Algorta, atraviesa un momento preocupante. Desde su inicio en las antiguas barreras hasta su llegada a Venancio, la sensación que transmiten vecinos y comerciantes es clara: abandono, inseguridad y promesas incumplidas.
En la parte alta de la calle, varias viviendas en estado ruinoso ofrecen una imagen de degradación impropia de una zona que debería ser estratégica para el municipio. Pero no es el único problema.
A la altura del número 26 se alza uno de los elementos más característicos de la zona: el imponente árbol que durante décadas ha formado parte del paisaje urbano de Sarrikobaso. Sin embargo, lo que fue símbolo hoy es motivo de preocupación.
La ausencia de poda por parte del Ayuntamiento está provocando la caída constante de ramas, especialmente durante los temporales de viento, afectando tanto a la propia Sarrikobaso como a la calle Elorri.
“Sigue sin podar un árbol del que día a día caen ramas a las calles Elorri y Sarrikobaso, invadiendo ambas por sus ramas… y empieza ya a florecer”, denuncia una vecina. El riesgo para peatones y vehículos es evidente.
En el soportal del supermercado Eroski en Sarrikobaso, la presencia continuada de personas viviendo en el lugar y la falta de limpieza se han convertido en un problema estructural. Los vecinos denuncian suciedad acumulada y sensación de inseguridad, sin que se perciban medidas eficaces y sostenidas en el tiempo.
En marzo de 2025, el Ayuntamiento de Getxo presentó, dentro de su habitual campaña de comunicación, un paquete de actuaciones para todo el área de Sarrikobaso.
De 679 propuestas ciudadanas recogidas, se anunció la ejecución de 52 a través de 10 proyectos. La mayoría giraban en torno a la revisión y sustitución de barandillas, bancos, papeleras y contenedores: actuaciones básicas de mantenimiento que cualquier administración debería ejecutar de forma ordinaria, sin necesidad de escenificar un proceso participativo.
Entre las medidas más destacadas figuraban el análisis y actuación sobre las calles Elorri y Gaztelumendi para generar más plazas de aparcamiento mediante la redistribución del espacio, la instalación de un lavadero de bicicletas en la confluencia de Ollarretxe con Sarrikobaso, en colaboración con la Diputación Foral de Vizcaya y la revisión de fuentes e instalación de nuevas con sistema para animales.
El resto de propuestas incluía mejoras en barandillas, reubicación de contenedores para mejorar la visibilidad, sustitución de bancos y papeleras, renovación de contenedores de vidrio en Gaztelumendi e instalación de aparcamiento para motos.
Además, el Ayuntamiento aseguraba que otras 236 propuestas se iban a ejecutar o ya se estaban ejecutando y que 144 habían sido trasladadas a las áreas correspondientes para su valoración.
Casi un año después, la percepción vecinal es demoledora. La calle y su entorno continúan deteriorándose progresivamente. No hay transformación visible, no hay sensación de mejora estructural y los problemas cotidianos —suciedad, mantenimiento deficiente, inseguridad— siguen presentes.
Lo que se vendió como un proceso participativo ejemplar parece haberse quedado en una operación de propaganda. Cuando las actuaciones anunciadas se limitan a tareas básicas de mantenimiento y ni siquiera se percibe su ejecución efectiva, el resultado es frustración ciudadana.
Sarrikobaso no necesita titulares ni campañas de imagen. Necesita gestión, mantenimiento constante y decisiones valientes. Porque cuando una de las arterias principales de Algorta se degrada, no es solo una calle la que pierde. Es todo el municipio el que se resiente.




