Cuando ya han pasado varios días desde los Carnavales y el foco informativo parecía haberse desplazado a otros asuntos, conviene detenerse un momento y revisar con calma el balance oficial, porque hay datos que no deberían pasar desapercibidos.
El gobierno municipal despachaba en su nota de prensa los carnavales de Getxo como unas fiestas sin “incidencias reseñables”. Sin embargo, los datos oficiales revelan una realidad difícil de encajar en ese relato.
Durante la celebración se interpusieron ocho denuncias por portar armas u objetos peligrosos, además de tres por portar droga, y una persona fue investigada por un presunto delito contra la salud pública. También se tramitaron dos actas de decomiso de objetos peligrosos y se identificó a una persona por agredir con un puñetazo.
A ello se suman 146 litros de alcohol intervenidos a menores, un menor atendido, y cinco denuncias por venta de alcohol a menores.
Pese a este balance, el Ayuntamiento insiste en hablar de normalidad.
Minimizar la presencia de armas, drogas y agresiones en un evento multitudinario no es un simple matiz. Lo que viene a hacer el consistorio es rebajar la gravedad de unos hechos que merecen una explicación más rigurosa y menos triunfalista.




