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Radicales atacan con pegatinas un escaparate por exhibir un anuncio de la selección española

La aparición de pegatinas que cubren un anuncio de la selección española en el escaparate de una tienda de telefonía de la calle Telletxe, en Algorta, ha suscitado indignación entre numerosos vecinos.

Los adhesivos, con mensajes en favor de la «selección» de Euskal Herria y proclamas como “esto no es España”, han sido interpretados como un acto de vandalismo destinado a ocultar una expresión legítima y visible de identidad y sentimiento compartida por millones de ciudadanos.

Un lector ha remitido al Diario de Getxo una carta al director en la que denuncia lo ocurrido como un episodio de vandalismo ideológico y de falta de respeto hacia la pluralidad existente en la sociedad vasca.

CARTA AL DIRECTOR

Es sencillamente intolerable seguir presenciando cómo, bajo la excusa de la “reivindicación identitaria”, determinados sectores nacionalistas se permiten pisotear el espacio público y privado con total impunidad. Es un acto de intransigencia pura, un gesto que exhibe sin ningún pudor el desprecio hacia quien piense, sienta o simplemente celebre algo distinto a lo que ellos dictan.

Tapar un anuncio de la selección española no es defender una identidad, es negar la de los demás, es decir, que aquí solo cabe una forma de ser y de sentir, y que quien no comulgue con ella será silenciado, censurado, borrado del escaparate igual que borran cualquier símbolo que no case con su relato excluyente. Eso no es reivindicación, es sectarismo. Y sectarismo aplicado con esa saña selectiva: contra un símbolo, una bandera, una selección deportiva que representa a millones de personas incluidas ellos mismos como ciudadanos españoles, tiene un nombre muy claro: intolerancia.

Y la hipocresía no puede ser más flagrante. Quienes ejecutan estos actos se presentan como adalides de la izquierda, del progresismo, de la solidaridad con el trabajador… pero jamás se detienen a pensar en el empleado del comercio que tendrá que rascar pegatina por pegatina, perdiendo tiempo y esfuerzo, todo por un capricho ideológico ajeno a su voluntad.

¿Dónde queda la supuesta defensa de la clase trabajadora cuando es precisamente un trabajador quien paga las consecuencias de su gesto? Es un progresismo de escaparate (nunca mejor dicho) que solo funciona cuando no les toca limpiar nada a ellos mismos. Se llenan la boca de tolerancia y diversidad mientras practican exactamente lo contrario: la imposición de una única visión, la negación del espacio compartido, el ninguneo del que no piensa como ellos.

Eso no es progresismo, es supremacismo identitario

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