Siete días después de que el pleno municipal aprobara una moción que exigía su dimisión, Amaia Aguirre continúa ocupando la Alcaldía de Getxo. No se ha ido. No ha dimitido. No ha asumido responsabilidades. Y lo que es peor: ha decidido mantenerse en el poder ignorando abiertamente la mayoría democrática del Ayuntamiento.
Getxo atraviesa una crisis política y de credibilidad evidente, agravada tras el escándalo del derribo del palacete de San Nicolás, el registro de la Ertzaintza en el municipio y la salida de tres concejales del equipo de gobierno. Un escenario que ha dejado al Ayuntamiento sumido en el desgaste, el descrédito y la descomposición institucional.
Y aun así, Aguirre sigue.
Lejos de dar un paso atrás, hoy mismo —una semana después de la moción— la alcaldesa ha comparecido en rueda de prensa para reafirmarse en su postura, insistiendo en que no piensa dimitir y envolviéndose en un discurso de autocomplacencia que choca frontalmente con la realidad política que vive Getxo.
“Yo siempre me he regido y he trabajado con los procedimientos establecidos con rigor y con respeto a la institución y a la ciudadanía”, ha afirmado Aguirre. Una declaración que, vista la situación actual del municipio, suena menos a explicación y más a una burla. Porque si algo ha quedado claro en esta crisis es que el Ayuntamiento no está funcionando con normalidad, ni con serenidad institucional, ni con la transparencia que exige una administración pública.
Aguirre también ha declarado que “cada partido político verá las declaraciones que hace y cómo las quiere hacer”. Con esa frase, la alcaldesa no solo evita asumir responsabilidades, sino que reduce una moción aprobada en pleno —una decisión formal y legítima— a una simple estrategia partidista, como si el problema fuese el tono de la oposición y no el hundimiento político de su propio gobierno.
Pero lo más grave ha llegado cuando ha rematado: “Yo me debo a la ciudadanía, a la institución, con firmeza, con determinación y con rigor”.
Resulta difícil imaginar una frase más desconectada del momento que atraviesa Getxo. Hablar de “rigor” mientras se prolonga una crisis institucional de esta magnitud, hablar de “respeto a la ciudadanía” mientras se ignora el mandato democrático expresado por el pleno, y hablar de “determinación” mientras se mantiene un gobierno municipal en evidente decadencia no es firmeza: es arrogancia política.
La realidad es simple: Amaia Aguirre está prolongando deliberadamente la agonía de un gobierno municipal desacreditado, incapaz de recuperar la estabilidad y aferrado al cargo como única estrategia de supervivencia.
Getxo no necesita una alcaldesa atrincherada ni discursos vacíos cargados de frases hechas. Getxo necesita responsabilidades, soluciones y un liderazgo que no convierta el Ayuntamiento en un espectáculo de resistencia personal.
Pero una semana después, Aguirre ha elegido lo contrario: aguantar, resistir y arrastrar al municipio con ella.




