Tres semanas después de que el pleno aprobara su dimisión por el escándalo del palacete de San Nicolás, Amaia Aguirre -o también denominada Alcaldesa Okupante- sigue sin dejar la alcaldía.
En lugar de asumir responsabilidades políticas, el Ayuntamiento ha difundido una nota de prensa para intentar vender “estabilidad” mientras esconde lo esencial: la alcaldesa continúa al frente pese a haber perdido el respaldo del pleno.
La supuesta “reorganización” no es gestión. Es un lavado de cara tras el cese de tres concejales del PNV imputados, una situación gravísima que deja en evidencia la descomposición del gobierno municipal.
Para maquillar el escándalo, Aguirre ha anunciado la entrada de tres nuevos ediles y un nuevo reparto de áreas:
– Aingeru Torrontegui asumirá Hacienda y Tesorería, una de las concejalías más sensibles.
– Elisabete Basañez se encargará de Promoción Económica y Turística, además de eventos en vía pública, Punta Begoña y Atención Ciudadana.
– Carlos Sergio dirigirá el área de Medio Ambiente.
Además, se reorganiza el núcleo interno del gobierno:
– Gorka Mostajo pasa a gestionar Cultura, Gobierno Abierto, Participación y Euskera.
– Zaloa Campillo se queda con Transformación Digital, Comunicación, Contratación y Personal, concentrando áreas clave para el control político y administrativo.
Aguirre habla de compromiso, pero su credibilidad es nula. Getxo ha visto cómo la Ertzaintza registraba el Ayuntamiento con ella al mando, y ahora pretende pasar página como si nada, cambiando nombres y repartiendo sillones.
No es estabilidad. Es atrincheramiento. Y no es una nueva etapa. Es un intento descarado de blanquear una crisis institucional que solo tiene una salida digna: dimisión real e inmediata.




