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El nuevo edil de Medio ambiente culpa a los “errores del pasado” de la jardinería en Getxo y obvia el respaldo de su partido a esas políticas durante años

La retirada de árboles iniciada en la calle Máximo Aguirre ha vuelto a encender el debate sobre la gestión del arbolado urbano en Getxo.

La actuación coincide, además, con unas declaraciones del nuevo concejal de Medio Ambiente, Carlos Sergio, en las que asegura que el Ayuntamiento no repetirá “errores del pasado” en la gestión de la infraestructura verde del municipio. Sin embargo, esas palabras han generado un fuerte escepticismo entre vecinos y observadores de la política municipal, que recuerdan que el propio partido del concejal ha venido respaldando durante años las mismas políticas de jardinería que ahora califica como equivocadas.

La polémica se ha intensificado esta misma mañana cuando varios residentes de la calle Máximo Aguirre alertaban al Diario de Getxo tras comprobar cómo operarios municipales procedían a retirar varios árboles en el tramo comprendido entre las calles Ibaigane y la ermita de Santa Ana.

Según la información facilitada posteriormente por el Ayuntamiento, la actuación consiste en el apeo de 15 tilos de gran tamaño, una intervención que supone la retirada completa de los ejemplares. El consistorio utiliza precisamente ese término técnico —“apeo”— en su comunicación oficial, una expresión habitual en el ámbito forestal pero que en la práctica describe lo que los vecinos perciben de forma mucho más directa: la tala de árboles que llevan décadas formando parte del paisaje de la calle.

Las declaraciones del concejal de Medio Ambiente sosteniendo que el actual equipo municipal no repetirá “errores del pasado con prácticas que nos han conducido al estado actual” llegan apenas unas semanas después de que concluyeran otras actuaciones muy controvertidas en el municipio. En las calles Bilbao y Andrés Isasi han desaparecido prácticamente todos los árboles existentes, cerca de 60 ejemplares, en una intervención muy drástica que ha supuesto la pérdida completa del arbolado en ambos viales. Poco antes 11 árboles fueron retirados también de la calle Miramar. ¿Estas actuaciones también las considera un error del pasado el nuevo concejal? ¿Estaría el edil dispuesto a rectificar estas decisiones de su antecesor en el cargo?

En ese contexto, la apelación a los “errores del pasado” suena más a intento de distanciarse políticamente de decisiones incómodas que a una verdadera autocrítica sobre la gestión del arbolado.

Porque si esas políticas han sido erróneas —como ahora reconoce el propio concejal— conviene recordar que no fueron impulsadas por un gobierno ajeno, sino que han contado durante años con el respaldo político del mismo partido que hoy dirige el área de Medio Ambiente, y de la mismisima alcaldesa que lidera este mismo equipo de Gobierno.

Ese contraste entre el discurso y la realidad es lo que más está alimentando la crítica vecinal. El nuevo responsable municipal parece querer marcar distancias con la gestión anterior sin asumir que su propia formación política ha formado parte de ella.

Mientras tanto, sobre el terreno las decisiones continúan teniendo consecuencias visibles. La eliminación de árboles adultos y su sustitución por ejemplares jóvenes es una práctica habitual en la gestión municipal, pero también una de las más discutidas desde el punto de vista ambiental.

Un árbol consolidado necesita décadas para alcanzar su tamaño y ofrecer sombra, regulación térmica y valor paisajístico. Su sustitución por un ejemplar recién plantado supone, en la práctica, perder durante años buena parte de esos beneficios ambientales.

El Ayuntamiento ha anunciado que los 15 tilos apeados en Máximo Aguirre serán sustituidos por nuevos ejemplares de la especie Tilia cordata, una variedad de crecimiento más moderado. Sobre el papel, la reposición permitirá mantener el número de árboles en la zona.

Pero la cuestión que plantean muchos vecinos es otra: cuándo volverá a tener esa calle la sombra, el volumen vegetal y el carácter que proporcionaban los árboles que ahora están desapareciendo.

A esta cuestión ambiental se suma inevitablemente la lectura política. Con las elecciones municipales previstas para el próximo año, no son pocos los vecinos que ven en estas reposiciones una operación de imagen: árboles recién plantados, alineados y aparentemente saludables que ofrecerán una fotografía impecable de cara a la campaña electoral.

El problema es que esa imagen —árboles jóvenes y perfectamente plantados— poco tiene que ver con el tiempo real que necesita un arbolado urbano para consolidarse y cumplir plenamente su función ambiental.

El Ayuntamiento ha enmarcado la actuación dentro de la campaña de poda 2025-2026, iniciada en noviembre y prevista hasta abril. Según el consistorio, esta campaña contempla intervenciones sobre cerca de 4.000 árboles de alineación en todo el municipio, además de trabajos de poda en altura en más de un millar de ejemplares de distintas especies.

El Ayuntamiento insiste en que todas las decisiones se basan en informes técnicos y que la seguridad es un factor prioritario. Pero mientras los argumentos administrativos se repiten, el debate ciudadano sobre la gestión del arbolado urbano sigue creciendo.

Y en medio de ese debate, las palabras del concejal sobre los “errores del pasado” han terminado abriendo una pregunta incómoda: si las políticas de jardinería han sido equivocadas durante años, ¿quién las ha estado respaldando todo este tiempo?