En un barrio como Las Arenas donde encontrar una plaza de aparcamiento se ha convertido en una odisea cotidiana, una señal instalada en la Avenida Zugazarte ha conseguido lo que parecía imposible: mantener vacías varias plazas incluso cuando no existe ninguna necesidad operativa para hacerlo.
La señal, perfectamente visible y sin margen aparente para la interpretación, indica la prohibición de estacionar. Debajo, un panel complementario remata el mensaje con una excepción tan sorprendente como desconcertante: “Excepto días de crucero”. Es decir, leído de forma literal, aparcar está prohibido durante los días normales y permitido precisamente cuando llegan los cruceros.
El resultado ha sido tan previsible como llamativo. En una jornada sin escalas de cruceros, numerosos conductores han optado por no estacionar en la zona ante el temor a ser sancionados. Mientras tanto, las plazas han permanecido vacías en un municipio donde los vecinos denuncian desde hace años la creciente dificultad para encontrar aparcamiento.
La contradicción es evidente. Si el objetivo de la reserva es facilitar la operativa de los autobuses que trasladan a los turistas de los cruceros, la lógica indicaría que la prohibición debería aplicarse precisamente en esas jornadas. Sin embargo, la señal transmite exactamente lo contrario: cuando llegan los cruceros se puede aparcar; cuando no llegan, no.
La señalización es una muestra más de una gestión administrativa incapaz de ponerse en la piel de quienes deben interpretar y cumplir las normas.
La señal de Zugazarte se ha convertido en un ejemplo perfecto de cómo una simple placa puede transformar una regulación de tráfico en la absurdez más absoluta: prohibir el aparcamiento cuando no hace falta reservar el espacio y permitirlo precisamente cuando más necesario parece mantenerlo libre.




