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EDITORIAL | La política del último minuto

Si la estrategia de un gobierno consiste en inundar los medios de publirreportajes, fotografías institucionales y notas de prensa en los meses previos a las elecciones de mayo de 2027, lo que se está presenciando no es un ejercicio de buena gestión, sino una campaña de recuperación acelerada de imagen.

Como el estudiante que pasa el curso distraído y pretende aprobar estudiando durante la noche anterior al examen, se confía en que una intensa actividad propagandística pueda sustituir a años de resultados tangibles.

La impresión que transmiten Amaia Aguirre y el PNV de Getxo es la de quien descubre la importancia de la gestión cuando el calendario electoral empieza a descontar semanas. Y la ciudadanía, afortunadamente, suele distinguir entre la obra y el escaparate, entre el trabajo constante y el maquillaje de última hora.

Es la misma lógica del comerciante que deja deteriorarse su establecimiento durante años y, la víspera de la inspección, se apresura a pintar la fachada. Desde lejos puede parecer renovado; de cerca, los problemas siguen donde estaban. También recuerda al deportista que descuida toda la temporada de entrenamiento y espera compensarlo con un último sprint a pocos metros de la meta. La energía puede impresionar, pero no corrige meses o años de preparación insuficiente.

La política basada en la publicidad institucional masiva tiene además un problema añadido: corre el riesgo de confundir comunicación con gestión. Comunicar es explicar lo que se ha hecho; gestionar es hacerlo. Cuando la primera empieza a eclipsar a la segunda, el ciudadano tiene derecho a preguntarse si se está intentando informar o convencer.

La comparación más acertada quizá sea la del agricultor que no riega el campo durante meses y pretende obtener una cosecha abundante echando agua a cubos el día antes de la recolección. La naturaleza no funciona así. Tampoco la confianza pública.

La credibilidad se cultiva durante todo el mandato y no puede fabricarse en una campaña acelerada de titulares favorables.
Los vecinos de Getxo acudirán a las urnas en 2027 como examinadores exigentes. Y en ese examen no contarán únicamente los folletos, las fotografías inaugurales o las notas de prensa de última hora. Contarán los resultados, la coherencia y el balance completo de cuatro años.

Porque, igual que ocurre en cualquier aula, el alumno que intenta aprobar estudiando la noche anterior puede lograr hacer ruido pasando páginas, pero difícilmente engaña al profesor cuando llega la hora de corregir el examen.