Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Los vecinos del parque María Cristina de Algorta denuncian abandono ante el aumento de inseguridad y suciedad en la zona

Residentes de la zona alertan de robos en la subida desde Ereaga y reclaman una respuesta urgente del Ayuntamiento de Getxo, ante un problema que arrastran desde hace tiempo y que consideran ya insostenible

El parque María Cristina, uno de los espacios más emblemáticos de Algorta, arrastra desde hace tiempo una situación de deterioro en la convivencia y la seguridad que, según denuncian los vecinos de la zona, se ha ido agravando progresivamente hasta alcanzar en los últimos meses un punto que califican de insoportable. No es un problema nuevo: los vecinos aseguran llevar tiempo trasladando la situación sin que se hayan adoptado medidas efectivas.

Los vecinos señalan que la situación ha ido a más con el paso del tiempo. Si inicialmente la ocupación por parte de personas magrebíes se limitaba a unos pocos bancos, en la actualidad prácticamente la totalidad del mobiliario del parque permanece ocupado de forma habitual, lo que impide su uso por parte de otros vecinos, especialmente familias y personas mayores.

A este uso continuado se suman quejas por prácticas de higiene personal realizadas a la intemperie en los propios bancos, que dejan restos y suciedad en el mobiliario urbano, agravando la sensación de deterioro y abandono del espacio. De hecho, se suelen estar cortando el pelo entre ellos dejando aquello lleno de pelos.

Robos en la subida desde Ereaga

El aspecto que más alarma genera entre los residentes son los atracos que los vecinos relatan haber sufrido en la subida que conecta Ereaga con el parque, un punto de paso habitual para vecinos y viandantes. La falta, hasta el momento, de una respuesta contudente ha disparado la sensación de inseguridad en la zona, especialmente en horario nocturno.

Fuentes vecinales aseguran que esta no es una queja puntual, sino una situación que llevan denunciando de forma reiterada ante las autoridades locales desde hace tiempo, sin que se hayan traducido en actuaciones concretas. Ese deterioro progresivo, señalan, es lo que ha llevado el malestar vecinal a un punto límite.