Las primeras declaraciones de quien aspira a liderar una candidatura política suelen servir para marcar perfil, fijar prioridades y transmitir confianza. Por eso sorprenden especialmente las palabras de Irkus Ansotegui, candidato del PNV a la alcaldía de Getxo, cuando afirma que “los retos de nuestro pueblo no se resuelven solo desde la política”.
La frase puede sonar moderada, conciliadora o incluso bienintencionada. Pero en realidad deja una sensación incómoda: la de alguien que parece empezar a construir una coartada antes incluso de asumir responsabilidades.
Porque conviene recordar una evidencia básica: una alcaldía se gestiona precisamente desde la política. Las decisiones que afectan al urbanismo, la vivienda, la seguridad, la movilidad, la limpieza, la presión fiscal o los servicios públicos no las toman entidades abstractas ni fuerzas impersonales. Las toman gobiernos, partidos y responsables políticos. Exactamente el espacio al que Ansotegui quiere acceder y liderar.
Resulta difícil entender que quien aspira a gobernar Getxo arranque su proyecto rebajando el papel de la política como herramienta de solución. Más aún cuando muchos de los problemas que hoy arrastra el municipio son consecuencia directa de decisiones políticas tomadas durante años.
Getxo no vive una crisis caída del cielo. El deterioro comercial de algunas zonas, las dificultades de acceso a la vivienda, determinados problemas de convivencia, la sensación creciente de pérdida de dinamismo o las dudas sobre el modelo de municipio responden, en gran medida, a normativas, prioridades presupuestarias y estrategias impulsadas desde las instituciones. Es decir: desde la política.
Y precisamente por eso sorprende que el mensaje inicial no sea asumir responsabilidades ni reivindicar capacidad de gestión, sino diluir parcialmente el papel de quienes gobiernan.
Nadie discute que una sociedad necesita implicación vecinal, tejido asociativo, empresas o colaboración ciudadana. Eso es evidente. Pero cuando un candidato pone el foco en que los problemas “no se resuelven solo desde la política”, corre el riesgo de transmitir otra idea menos inocente: que la política tampoco es plenamente responsable de solucionarlos. Y ahí aparece la preocupación de fondo.
Porque los vecinos no votan a un alcalde para escuchar explicaciones preventivas sobre las limitaciones del poder político. Lo votan para que tome decisiones, priorice, gestione y responda por los resultados. Especialmente en un municipio donde el mismo partido lleva décadas teniendo una enorme cuota de poder institucional.
El mensaje de Ansotegui podría interpretarse como un intento de proyectar transversalidad. Sin embargo, también puede leerse como el síntoma de una política contemporánea cada vez más reacia a asumir responsabilidades claras. Una política que habla mucho de “ecosistemas”, “colaboraciones” y “gobernanzas compartidas”, pero que a veces parece incómoda cuando toca reconocer que gobernar consiste precisamente en decidir.
Y decidir implica acertar o equivocarse.
Quizá el futuro candidato del PNV debería recordar que la ciudadanía no espera de un alcalde que relativice la capacidad de la política, sino que la ejerza con eficacia, valentía y claridad. Porque si alguien que quiere gobernar empieza insinuando que los problemas no dependen tanto de la política, muchos vecinos pueden preguntarse entonces para qué sirve exactamente darle el poder político.




