Pulsa «Intro» para saltar al contenido

La fotografía que retrata el fracaso de la falsa renovación del PNV en Getxo

EDITORIAL

Si Irkus Ansotegui pretendía transmitir ilusión, renovación y cambio como futuro candidato del PNV a la Alcaldía de Getxo, ha conseguido exactamente lo contrario.

A veces una sola imagen basta para desmontar un relato político. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con la fotografía difundida recientemente por quien está llamado a encabezar la candidatura del PNV de Getxo en las elecciones municipales de 2027.

Porque la cuestión no es quién aparece en la fotografía. La cuestión es lo que representa. Y lo que representa es la continuidad de una etapa política agotada.

Resulta difícil comprender cómo alguien que aspira a convertirse en el rostro de la regeneración de un partido desgastado decide posar junto a quienes simbolizan precisamente los problemas políticos que han marcado la presente legislatura.

Junto a Ansotegui aparece Amaia Aguirre, una alcaldesa cuyo liderazgo se encuentra profundamente cuestionado. Los datos son incontestables. Una encuesta reciente le otorgaba una valoración de apenas 3,8 sobre 10, situándola entre los responsables municipales peor valorados por la ciudadanía. Una realidad especialmente significativa para quien pretende presentarse como heredero de su proyecto político.

Pero la fotografía incorpora además otro elemento imposible de ignorar. En ella también aparece Ignacio Uriarte, uno de los tres concejales del PNV que fueron cesados tras la crisis provocada por el caso del palacete derribado de San Nicolás 11, uno de los episodios más controvertidos de la presente legislatura.

En una posición también destacada de la imagen se encuentra la histórica concejala de la policía local de Getxo, Keltse Eiguren, quien mantiene una férrea política de comunicación para que nada de lo que sucede en las calles de Getxo trascienda a la opinión pública.

La pregunta surge de manera inevitable.
¿Qué pretendía comunicar Irkus Ansotegui con esta imagen?

Porque en política las fotografías nunca son casuales. Son mensajes cuidadosamente diseñados. Son declaraciones sin necesidad de palabras. Son la representación visual de una estrategia.
Y la estrategia que transmite esta imagen resulta demoledora para quien pretende encarnar una nueva etapa.

Si el mensaje era renovación, la fotografía transmite continuismo. Si el mensaje era regeneración, la fotografía transmite conformismo. Si el mensaje era cambio, la fotografía transmite exactamente lo contrario.

La imagen proyecta la sensación de que nada va a cambiar. De que quienes han dirigido el Ayuntamiento durante los años más complicados para el PNV siguen marcando el camino. De que la supuesta renovación no es más que una operación estética destinada a sustituir nombres sin modificar absolutamente nada.

Lo más sorprendente es que, casi dos meses después de conocerse su designación como futuro candidato, los vecinos de Getxo siguen sin saber prácticamente nada de Irkus Ansotegui.

No ha presentado un proyecto reconocible.
No ha explicado qué modelo de municipio defiende. No ha aclarado qué aspectos de la actual gestión considera acertados y cuáles deberían corregirse. No ha mostrado una sola propuesta relevante sobre los principales problemas que preocupan a los vecinos.

Su presencia pública ha sido prácticamente inexistente. Y cuando por fin consigue generar atención política, lo hace mediante una fotografía que lo vincula precisamente con aquello de lo que debería intentar distanciarse.

La política exige algo más que ser una cara nueva. Exige demostrar independencia, criterio propio y capacidad para liderar un rumbo diferente. Por eso resulta inevitable recordar aquella máxima atribuida a Julio César: «La mujer del César no solo debe ser honrada, sino también parecerlo».

La misma lógica se aplica a quien aspira a gobernar una ciudad. No basta con decir que se representa el cambio. Hay que demostrarlo. No basta con afirmar que se abre una nueva etapa. Hay que visualizarla. No basta con prometer renovación. Hay que ejercerla.

Y la primera gran imagen pública de Irkus Ansotegui demuestra exactamente lo contrario. Porque lejos de representar una ruptura con los errores, polémicas y fracasos que han erosionado la credibilidad del PNV durante esta legislatura, la fotografía parece una reivindicación de los mismos.

Quizá por eso la imagen ha generado tanta sorpresa.

Porque cuando un candidato que aspira a liderar el futuro decide rodearse de los símbolos más evidentes del pasado, lo que está haciendo no es presentar una alternativa.
Está enviando un mensaje.

Y el mensaje que han recibido muchos vecinos de Getxo es tan claro como inquietante: el PNV no viene a cambiar nada. Simplemente pretende cambiar la cara de quien lo representa.