Hay decisiones que retratan a un gobierno. Y la tomada este 13 de julio por el Ayuntamiento de Getxo es una de ellas.
Hoy se cumplen 90 años del asesinato de José Calvo Sotelo, secuestrado y asesinado por miembros de las fuerzas de seguridad junto a militantes socialistas vinculados al PSOE, un crimen que precipitó la crisis definitiva de la Segunda República.
Hoy también se cumplen 29 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco, ejecutado por la banda terrorista ETA tras 48 horas de secuestro.
Dos aniversarios de enorme trascendencia histórica.
Dos aniversarios que cualquier institución democrática debería tener presentes.
Sin embargo, el Ayuntamiento de Getxo ha decidido que el protagonista del 13 de julio sea otro. Ha elegido precisamente esta fecha para distribuir una declaración institucional sobre los 150 años de la abolición de los Fueros y el 50 aniversario del Movimiento de Alcaldes de Bergara, aprobada por PNV y EH Bildu.
No el 19 de julio, cuando tendrá lugar el acto en Bergara. No el 21 de julio, aniversario de la abolición de los Fueros. Lo ha hecho este 13 de julio.
Y esa elección no puede separarse del contexto.
Porque recordar el asesinato de Calvo Sotelo significa recordar que uno de los crímenes políticos más graves de la Segunda República fue cometido por personas vinculadas al aparato de seguridad del Estado y a sectores socialistas de la época. Un episodio incómodo para un PNV que hoy gobierna de la mano del PSOE en Getxo, en las instituciones vascas y en el Gobierno Vasco.
Y recordar a Miguel Ángel Blanco significa volver a poner nombre y rostro a la barbarie de ETA. Un recuerdo especialmente incómodo para EH Bildu, heredera del espacio político que nunca ha realizado una autocrítica proporcional al daño causado por el terrorismo.
Por eso resulta inevitable preguntarse si la elección de esta fecha responde realmente a una casualidad.
Las instituciones saben perfectamente cuándo envían una nota de prensa. La comunicación política nunca es inocente.
Y el Ayuntamiento de Getxo ha decidido que este 13 de julio no se hable principalmente de José Calvo Sotelo ni de Miguel Ángel Blanco, sino de una declaración sobre soberanía, derecho a decidir y construcción nacional.
Cada cual podrá sacar sus conclusiones.
La nuestra es clara: cuando una institución aprovecha una fecha marcada por dos asesinatos que cambiaron la historia de España para colocar en primer plano otro relato político, está estableciendo una jerarquía de la memoria. Y esa memoria deja de ser memoria para convertirse en propaganda.
No se puede reclamar memoria histórica mientras se intenta relegar al olvido las víctimas que resultan incómodas.
No se puede exigir respeto para unas memorias mientras se eclipsan otras.
Y no se puede hablar de convivencia cuando se elige precisamente el 13 de julio para que el debate público no gire en torno a dos asesinatos que siguen interpelando la conciencia democrática de nuestro país.
Las fechas hablan. Y la elegida por el Ayuntamiento de Getxo dice mucho más que toda su declaración institucional.




