Hay veces que el paso del tiempo permite ver con más claridad aquello a lo que quienes lo viven a diario terminan acostumbrándose. Después de tres años sin conducir por motivos personales, he vuelto a hacerlo por las calles de Getxo. Y mi sorpresa ha sido enorme.
Lo primero que me ha llamado la atención ha sido el evidente empeoramiento del estado de las carreteras. El desgaste del asfalto es visible en buena parte del municipio. Calles con el firme muy deteriorado, baches, irregularidades y parches que reflejan una realidad difícil de discutir. Durante estos años el mantenimiento de la red viaria no ha estado a la altura de las necesidades de Getxo.
Es cierto que recientemente se han asfaltado algunas calles, pero son la excepción. La inmensa mayoría presenta un aspecto claramente peor que hace apenas unos años. El deterioro es generalizado y se percibe desde el primer momento en que uno vuelve a ponerse al volante.
Quizá muchos peatones no sean conscientes de ello. Incluso quienes conducen todos los días pueden haber asumido ese deterioro de forma gradual y dejar de apreciarlo. Pero cuando uno deja de conducir durante tres años y vuelve a hacerlo, el contraste resulta evidente. La diferencia es tan grande que cuesta creer que se haya llegado a este nivel de desgaste.
Una carretera no se deteriora de la noche a la mañana. Es el resultado de años de falta de mantenimiento e inversión suficiente. Y cuando las reparaciones llegan tarde, el problema no hace más que agravarse, incrementando además el coste que terminarán pagando todos los vecinos.
El estado de las carreteras también dice mucho de cómo se cuida un municipio. No basta con inaugurar proyectos o anunciar actuaciones puntuales. Las infraestructuras básicas requieren una atención constante, porque forman parte del día a día de miles de vecinos.
Volver a conducir por Getxo después de tres años me ha permitido comprobar algo que, quizá, muchos ya habían normalizado. Y es que las carreteras del municipio han empeorado de forma notable. Y cuando ese deterioro se hace tan evidente en tan poco tiempo, es inevitable preguntarse si el mantenimiento de nuestras calles está recibiendo la prioridad que realmente merece.




