El Getxo juvenil atraviesa uno de sus momentos más delicados a nivel deportivo al certificar el descenso de categorías y con dos años consecutivos descendiendo. Esta situación se produce en medio de un creciente clima de tensión interna, críticas a la gestión deportiva y un fuerte descontento entre numerosas familias.
Según la información trasladada al Diario de Getxo, buena parte de las críticas se dirigen contra la dirección deportiva encargada del área juvenil, a la que varios padres y personas vinculadas al club acusan de mantener dinámicas de “amiguismo” a la hora de gestionar las plantillas y los minutos de juego.
Las quejas apuntan especialmente a la sensación de trato de favor hacia jugadores cercanos al entorno de determinados responsables técnicos, una situación que, aseguran, habría deteriorado gravemente el ambiente dentro del vestuario y entre las familias.
El malestar no se habría limitado a comentarios aislados. Durante la temporada se han producido salidas de varios entrenadores y más de una veintena de jugadores entre las tres plantillas juveniles, un dato que refleja el nivel de desgaste interno que vive actualmente la cantera.
Las críticas también se centran en la continuidad de los responsables deportivos pese al deterioro de los resultados. Fuentes consultadas por este medio consideran “incomprensible” que no se hayan adoptado cambios tras dos temporadas consecutivas de retroceso deportivo en una cantera que históricamente había sido referencia en la comarca.
La situación deportiva general tampoco contribuye a rebajar la tensión. El primer equipo, confeccionado presuntamente para pelear por el play off de ascenso, se encuentra muy lejos de los puestos esperados, mientras el juvenil B tampoco ha logrado cumplir los objetivos marcados a principio de temporada, quedando por detrás de clubes vizcaínos con menor estructura y presupuesto.
Además del aspecto deportivo, el caso ha abierto un debate interno sobre el modelo de gestión implantado en el club y el papel de la dirección deportiva. Algunas voces del entorno consideran que la actual estructura ha generado una desconexión cada vez mayor entre la base social del club y quienes toman las decisiones deportivas.
La sensación de hartazgo es evidente entre numerosas familias, que denuncian una pérdida progresiva de meritocracia, transparencia y proyecto deportivo. Todo ello en un contexto que muchos describen ya como un deterioro institucional y deportivo impropio de una entidad con décadas de historia en el fútbol vizcaíno.




