El Ayuntamiento de Getxo ha anunciado estos días, con el habitual despliegue de cifras y mensajes institucionales, el inicio de la campaña de cambio de flor de temporada en jardineras, parterres y zonas verdes del municipio. Más de 8.400 nuevas plantas, 32.500 euros de inversión y un discurso repleto de referencias a la sostenibilidad, la resiliencia climática y la adaptación ambiental.
Sin embargo, la realidad que ven los vecinos al pasear por muchos parques y jardines del municipio choca frontalmente con el triunfalismo de la nota de prensa municipal. Porque mientras el Consistorio vende coloridas plantaciones de primavera, el estado general de numerosas zonas verdes continúa ofreciendo una imagen impropia de un municipio como Getxo: césped seco y deteriorado, jardines descuidados, setos abandonados, alcorques llenos de malas hierbas y árboles con un mantenimiento claramente insuficiente.
El problema ya no es puntual ni anecdótico. El deterioro del mantenimiento de parques y jardines se ha convertido en una queja recurrente y cada vez más extendida entre vecinos de distintos barrios. Y lo más preocupante es que, lejos de apreciarse una mejora real, la sensación general es que el estado de las zonas verdes continúa degradándose año tras año.
Mientras tanto, el Ayuntamiento insiste en vender campañas estéticas de sustitución floral como si eso pudiera ocultar el evidente abandono que presentan muchas áreas verdes durante buena parte del año. Se cambian flores, sí. Se colocan begonias, margaritas y alegrías para ofrecer una imagen vistosa durante unas semanas. Pero detrás de ese escaparate floral sigue existiendo un problema estructural de mantenimiento que el gobierno municipal parece incapaz —o directamente desinteresado— en solucionar.
La estrategia resulta cada vez más evidente: priorizar actuaciones de impacto visual inmediato para alimentar titulares y fotografías institucionales mientras el deterioro real de jardines, parques y zonas verdes permanece sin resolver. Un maquillaje temporal que no engaña a quienes utilizan diariamente esos espacios y comprueban cómo el nivel de conservación dista mucho de lo que cabría exigir en un municipio que presume constantemente de calidad urbana y excelencia ambiental.
Especialmente llamativo resulta el discurso municipal sobre “adaptación climática” y “especies resilientes”, argumentos que empiezan a sonar más a excusa preventiva ante el mal estado de las zonas verdes que a una verdadera planificación medioambiental. Porque adaptarse al clima no puede significar resignarse a jardines secos, céspedes pobres y espacios públicos cada vez más deteriorados.
Los vecinos no reclaman jardines de lujo ni parques imposibles de mantener. Reclaman algo mucho más básico: limpieza, cuidado, mantenimiento constante y unas zonas verdes que no transmitan sensación de abandono. Reclaman que el dinero público destinado a jardinería se traduzca en resultados visibles más allá de una campaña floral de primavera.
Porque la realidad es tozuda. Por muchas flores nuevas que se planten, Getxo sigue teniendo un serio problema con el estado de sus jardines. Y cada nueva nota de prensa triunfalista solo consigue aumentar la distancia entre el relato oficial y lo que los vecinos ven cada día en la calle.




