El Ayuntamiento de Getxo ha vuelto a recurrir a una técnica política tan vieja como eficaz: inundar a los medios con una nota de prensa cuidadosamente redactada, cargada de cifras y lenguaje técnico, para tratar de construir una percepción de éxito en una gestión que la ciudadanía lleva años viendo fracasar delante de sus propios ojos.
Porque más allá de los datos grandilocuentes, de las palabras “infraestructura verde”, “corredores ecológicos” o “refugios climáticos”, existe una realidad imposible de esconder: el estado general de jardines, parterres, alcorques, zonas verdes y arbolado urbano en Getxo es cada vez más deficiente y genera un malestar creciente entre vecinos de todos los barrios.
La estrategia del Consistorio parece clara: sustituir la realidad visible por una narrativa institucional diseñada para transmitir profesionalidad, sostenibilidad y excelencia técnica. Sin embargo, el principal problema de esta operación de lavado de imagen es evidente: los vecinos no necesitan leer notas de prensa para comprobar el estado de su municipio. Basta con pasear por Las Arenas, Algorta, Neguri, Romo o Andra Mari para observar alcorques vacíos durante años, jardines descuidados, césped seco, podas cuestionables, arbustos abandonados y una pérdida progresiva de calidad estética y ambiental en muchos espacios públicos.
La nota municipal presume de haber plantado 861 árboles y de haber actuado sobre más de 4.400 ejemplares. Pero la pregunta que muchos ciudadanos se hacen es sencilla: ¿dónde está esa mejora?
Porque si realmente la gestión del área verde estuviera funcionando de forma tan ejemplar como vende el Ayuntamiento, el aspecto general del municipio debería reflejarlo de manera evidente. Y ocurre exactamente lo contrario: la sensación mayoritaria es de deterioro progresivo.
La acumulación de cifras no equivale automáticamente a una buena gestión. De hecho, en política municipal es habitual utilizar grandes números para intentar impresionar al ciudadano y desviar el foco de lo esencial: el resultado visible.
Plantar árboles no significa necesariamente mejorar el paisaje urbano si al mismo tiempo se mantienen zonas degradadas, si faltan labores básicas de jardinería o si numerosas áreas verdes transmiten sensación de abandono.
Del mismo modo, intervenir sobre miles de árboles no garantiza una correcta política medioambiental cuando buena parte de la ciudadanía percibe podas agresivas, pérdida de sombra urbana y una evidente falta de planificación estética.
El Ayuntamiento parece confiar en que una nota de prensa extensa y técnicamente elaborada pueda modificar la percepción ciudadana. Pero la credibilidad institucional no se construye con comunicados cuidadosamente redactados, sino con resultados palpables.
Y ahí es donde el discurso municipal se derrumba.
Porque los vecinos llevan años escuchando anuncios sobre sostenibilidad, biodiversidad y modernización verde mientras observan cómo el municipio pierde calidad paisajística. El contraste entre el relato oficial y la experiencia diaria de la ciudadanía es precisamente lo que alimenta la desconfianza.
Resulta especialmente llamativo el tono triunfalista del comunicado, llegando incluso a hablar de “tesoro verde” y de un municipio “cada vez más protector frente al calor”, cuando numerosas calles continúan careciendo de sombra suficiente y muchas zonas verdes presentan un mantenimiento claramente insuficiente.
Otro de los aspectos que evidencia la nota institucional es el creciente peso de la comunicación política frente a la gestión real.
El texto está claramente diseñado para generar titulares positivos y proyectar una imagen de rigor técnico. Se habla de “corredores ecológicos”, “compatibilización urbana”, “restauración estructural” o “refugios climáticos”, conceptos legítimos en el ámbito ambiental, pero utilizados aquí como herramientas de marketing político para vestir una situación que dista mucho de ser ejemplar.
Mientras tanto, las quejas vecinales sobre el estado de parques y jardines siguen siendo constantes.
La percepción ciudadana no se construye leyendo memorias técnicas, sino observando el entorno cotidiano. Y esa percepción es demoledora para el Ayuntamiento: Getxo ya no luce como el municipio cuidado y verde que fue durante décadas.
La gran debilidad de esta estrategia propagandística es que choca contra algo imposible de controlar desde un gabinete de comunicación: la experiencia directa de miles de vecinos.
La ciudadanía recuerda perfectamente cómo estaban muchas zonas verdes hace años y puede comparar. Puede ver qué jardines han perdido calidad, qué espacios presentan peor mantenimiento y qué decisiones han deteriorado la imagen urbana del municipio.
Por eso, la abundancia de cifras y declaraciones institucionales no logra ocultar una sensación cada vez más extendida: el Ayuntamiento está más preocupado por vender una imagen de buena gestión que por recuperar realmente el nivel de excelencia que históricamente tuvo la jardinería en Getxo.
Y mientras el gobierno municipal continúa redactando notas de prensa triunfalistas, la realidad sigue creciendo —seca, descuidada y visible— en cada rincón del municipio.




