La inclusión de una actividad para pintar el muro de Maidagan dentro de las fiestas de San Isidro en Andra Mari vuelve a provocar fuertes críticas vecinales. El motivo: la presencia habitual de pintadas reclamando el acercamiento de presos de ETA, mensajes que permanecen visibles durante todo el año sin que el Ayuntamiento actúe para retirarlos. Así, han convertido este emblemático muro de Andra Mari en el muro de la vergüenza.
Vecinos del barrio consideran intolerable que un espacio asociado desde hace años a este tipo de reivindicaciones forme parte del programa festivo con el visto bueno del Consistorio y de la alcaldesa en funciones.
«Es inadmisible que unas fiestas populares sirvan de escaparate para mensajes relacionados con presos de ETA», denuncian residentes críticos con la iniciativa.
«Las fiestas deberían unir a los vecinos, no reabrir heridas ni normalizar mensajes políticos que siguen generando división».
Las críticas apuntan directamente a la falta de actuación municipal y a la permisividad hacia unas pintadas que muchos consideran fuera de lugar en unas celebraciones populares como las de San Isidro.




