Han pasado ya 60 días desde que el pleno municipal de Getxo aprobara, por mayoría, exigir la dimisión de la alcaldesa, Amaia Aguirre.
Dos meses después, no solo continúa en el cargo, sino que su negativa a asumir responsabilidades políticas se produce en un contexto de creciente deterioro de la gestión municipal.
Lejos de tratarse de un episodio aislado, el conocido “caso del palacete” es solo uno de los múltiples frentes abiertos que erosionan la credibilidad del gobierno local. Mientras la presión judicial, policial —con la intervención de la Ertzaintza— y política sigue aumentando, la alcaldesa opta por resistir, ignorando el mandato explícito del pleno.
Pero la crisis va más allá de los tribunales. La gestión de la jardinería municipal se ha convertido en otro símbolo del descontrol: barrios descuidados, servicios deficientes y una incapacidad evidente para dar respuesta a un problema cotidiano que afecta directamente a la calidad de vida de los vecinos.
A ello se suma una cuestión especialmente sensible: la seguridad. Frente a una delincuencia que muchos vecinos consideran real y creciente, el Ayuntamiento ha optado por minimizar la situación, atribuyéndola a “percepciones” generadas por bulos en redes sociales. Una postura que ha generado indignación entre quienes reclaman respuestas y no explicaciones que consideran alejadas de la realidad.
El problema del aparcamiento, enquistado en numerosos barrios, completa un diagnóstico preocupante. Lejos de mejorar, la situación sigue sin resolverse, consolidándose como una de las principales preocupaciones ciudadanas sin que el equipo de gobierno haya sido capaz de ofrecer soluciones eficaces.
Tras dos legislaturas bajo el liderazgo de Aguirre, los problemas estructurales de Getxo no solo persisten, sino que, en muchos casos, se han agravado. La falta de resultados, unida a la negativa a dimitir pese al reproche institucional, dibuja un escenario de bloqueo político y desgaste institucional difícilmente sostenible.
Mientras tanto, la decisión final sigue en manos del Partido Nacionalista Vasco, cuyo aparato deberá decidir si respalda la continuidad de la alcaldesa o fuerza un relevo que, a día de hoy, parece cada vez más inevitable.




